Bailar sobre tumbas
Este ensayo no plantea ser una apología de la catástrofe, de la destrucción ni de la crisis. No busca relativizar el daño y las responsabilidades distribuidas de los efectos nocivos del cambio climático. Es más, un intento de pensar desde los propios escombros en los cuáles ya nos encontramos divagando. Cada fragmento, cada cadáver en la estéril tierra requiere y demanda nuestra atención. ¿Qué sucede con las ruinas (Tsing) con las cuales ya compartimos entorno y que demandan un marco especulativo para destrabar el debate, igualmente urgente, de su gestión? ¿La convivencia ecológica dentro del larguísimo desastre solo conoce la negación del presente, de sus vástagos más incómodos y el puro anhelo de un volver atrás? Este ensayo es un intento por pensar con los pies
hundidos en el barro cargado de los pedazos de una imagen ideal de naturaleza que tal vez (muy probablemente por no decir con certeza) ya no exista ni vuelva a existir. ¿Cómo entender las dimensiones completamente fuera de nuestra medida corporal y vital para aproximarnos a un trastocamiento cataclísmico de espacio y tiempo? Los pajaritos siguen cantando y aún veo pasto en los campos. La danza de la vida parece mantenerse en una fiesta ecosistémica singularmente “estable”. No obstante, fuera de los fenómenos locales, aquello que me supera en escala y que es solo visible cuando el panorama general es esbozado gracias a la intermediación de tecnologías planetariamente sincronizadas, los incómodos cadáveres de los caídos en la pista de baile me piden una responsabilidad diferente a la de la culpa ambiental.